Mucha IA pero el mundo digital sigue igual.
Más allá del impacto en nuestras tareas del día a día, la IA —como toda gran revolución— transformará los negocios y los productos digitales que hoy construimos, que probablemente no volverán a ser los mismos (si es que siguen existiendo como tal). Sin embargo, esta reflexión no está tan extendida, y no veo tantos artículos que hablen de ello. Podría culpar a los algoritmos o incluso a mi forma de buscar o consumir contenido, pero lo cierto es que tampoco aparece con frecuencia en las conversaciones ni en las peticiones que recibimos de nuestros clientes.

Las conversaciones sobre la mesa con nuestros clientes son: ¿cómo puede ayudarme la IA? ¿qué casos de uso podría incorporar? Es decir, seguimos pensando en las mismas webs, apps, ecommerce, etc., pero —en el mejor de los casos— con alguna mejora que nos pueda aportar la IA. Lo que no escuchamos tan a menudo son las siguientes preguntas: ¿tiene sentido seguir haciendo mi web igual con todos los avances actuales en inteligencia artificial? ¿Qué funcionalidades nuevas podría incorporar? ¿Sigue teniendo sentido una interfaz tradicional con pasos, botones…?
Como consultores, somos nosotros quienes debemos poner estas preguntas, reflexiones o incluso algunas respuestas sobre la mesa. Pero, por ahora mismo, son más los clientes que quieren “ponerle un poco de IA” a sus productos que los que están dispuestos a adoptar una visión verdaderamente disruptiva sobre su impacto en sus productos y servicios.
La gran revolución de la IA surgió a finales de 2022 con el lanzamiento de Chat GPT. En 2025, eso ya no es una tecnología emergente y, aunque la velocidad de evolución está superando la capacidad de cualquier compañía de incorporar avances, ha llegado el momento de dejar de pensar únicamente en la optimización y reimaginar productos y servicios teniendo en cuenta toda la innovación que tenemos — y tendremos — a nuestro alcance.